Silvia Maezo - Colectivo Entreletras
jueves, 18 de septiembre de 2008
LO QUE PASA EN BOLIVIA PASA EN LA ARGENTINA
Lo que pasa en Bolivia pasa en Argentina. Este clima destituyente provocado por las oligarquías vernáculas en Pando o en nuestro campo con el salvaje lockout de las corporaciones agrarias argentinas, sucedió también en Paraguay con el complot contra Lugo apenas a tres semanas de su asunción, con el golpe que sufrió Hugo Chávez, con la incursión aérea sobre territorio ecuatoriano.
jueves, 11 de septiembre de 2008
RESPONSABILIDAD SOCIAL - por Washington Uranga
Ningún actor social se puede sentir al margen de los desafíos que ello demanda.
En la sociedad actual la información es un insumo y, al mismo tiempo, un requisito de la democracia. En el entendido de que la información como un componente de una realidad mayor y más compleja denominada comunicación, que incluye también otros ámbitos de producción e intercambio simbólico en el espacio público. Si la información siempre fue un insumo fundamental para la vida en sociedad, el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación ha potenciado ese lugar. También los aprendizajes sociales, es decir, las capacidades que los diferentes actores adquirieron para usar las herramientas infocomunicacionales y para articular varias de ellas en estrategias destinadas a generar incidencia social.
Desde esta perspectiva no puede sino afirmarse que el periodismo, en general, y los periodistas, en particular, tienen una responsabilidad social ineludible. Un aspecto, éste de la responsabilidad social, que suele soslayarse de manera frecuente para reafirmar en cambio el carácter “independiente” de los trabajadores de la comunicación. La responsabilidad social de quienes ejercen la tarea de informar está vinculada con el deber de construir la pluralidad informativa –diversidad de fuentes, actores y perspectivas– y asegurar la expresión de todos los sectores en igualdad de condiciones.
Es difícil, sin embargo, entrar en consideraciones sobre el periodismo sin atender a una realidad en la que el ejercicio profesional está condicionado por la estructura de propiedad de los medios y por el hecho de que los grupos económicos que los controlan utilizan los medios para defender intereses que están mucho más allá de las fronteras del mundo de la comunicación. El sistema de medios y su estructura de propiedad forman parte de un entramado político-económico que es central en la forma de ejercicio del poder en la sociedad actual.
La responsabilidad social supone la construcción de información sobre bases éticas, veraces y confiables, no siempre compatibles con la declamada objetividad, más cercana ésta a una perspectiva liberal del ejercicio profesional y que, bajo la pretensión de la equidistancia, termina en la mayoría de los casos reforzando el discurso dominante. Una información ética, veraz y confiable no tiene por qué estar apartada de una posición de compromiso y responsabilidad social y política de los profesionales del periodismo.
Este ejercicio responsable del periodismo resulta también poco compatible con aquella concepción de la información basada en la idea del espectáculo o en el sensacionalismo que se apoya en la apelación constante a la seudo primicia, a la retórica del escándalo, las miserias, el horror y los crímenes como argumento de captación de audiencia y, para cerrar el círculo, a la asociación libre y perversa de la pobreza con la delincuencia y la violencia.
Aun reconociendo el valor que tiene por sí misma la noticia, para transformarse en verdadero insumo de construcción de ciudadanía, la información periodística tiene que salir del mero hecho del acontecimiento aislado para enmarcar cada episodio de la vida cotidiana de manera clara y elocuente en un proceso y en un contexto que, por una parte, le da verdadero sentido, y por otro, permite una comprensión más cabal del mismo. Porque los hechos denominados noticias son siempre episodios de la vida de una comunidad, que no pueden entenderse de manera fragmentada y aislada de la historia de quienes los producen.
De esta manera el periodismo con responsabilidad social es también una forma de representación democrática en el marco de la ciudadanía.
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Medios y conflictos escolares - Por Omar Tobío *
O. Tobío analiza el conflicto permanente que la actualidad massmediática genera en los procesos educativos.
El ministro Juan Carlos Tedesco afirmó en una entrevista (PáginaI12, 28/07/08) que los medios le están haciendo el juego a la indisciplina que los chicos plantean con la difusión de sus filmaciones colgadas en Internet. Lo dicho es cierto, aunque es importante destacar que los hechos difundidos son situaciones de excepción, de conflictos de “alta intensidad” frente a un permanente conflicto de “baja intensidad” presente en gran parte del sistema educativo. En efecto, los profesores de distintas escuelas señalan en sus relatos que a los alumnos “no les interesa nada”, pero que la situación, aunque fastidiosa, es manejable. Pero esto no es lo novedoso: siempre hubo materias (a veces todas) que resultaban insoportables para los alumnos. Hasta hace tres décadas a un profesor le bastaba con saber la propia disciplina y algunos rudimentos de pedagogía y didáctica para sentirse útil en el marco de la ficción compartida que aseguraba que en la escuela se aprendía. Esa ficción requería y se apoyaba en un potente sistema coercitivo para los alumnos, siendo en realidad ahora lo novedoso la caída de ese dispositivo y no que a los chicos “no les interese nada”. Esta caída, a su vez, arrastró consigo a la palabra autorizada de los saberes disciplinares instituidos, quedándose los docentes sin ese respaldo. Ante la crisis de la educación enciclopédica hubo que salir a emparchar la situación enseñando procesos históricos o dinámicas sociogeográficas, con la nueva dificultad que impone la actualidad massmediática: en el mejor de los casos los documentales por cable pueden competir con el discurso docente y en el peor será el movilero de los canales de televisión quien cree que explica complejos procesos sociales (como las rutas que se cortan, el problema de los pueblos originarios tras la tala en la selva o los pasajeros enfurecidos por un paro de transporte) diciendo cualquier disparate “desde el lugar de los hechos”. Así, el saber docente se torna banal para los alumnos y ya ni siquiera merecedor de respeto. El profesor, destituido, canaliza como puede el conflicto de baja intensidad emergente: pocos escuchan, otros hablan, se paran, salen, entran, tiran papeles, se graban... Hasta que, a veces, se produce un desborde: la imagen difundida por la televisión de la emergencia de un pico de “alta intensidad” en el conflicto escolar con una profesora intentando seguir dando clase fingiendo ignorar a un alumno que le faltaba el respeto lo expresa cabalmente.
Se impone, entonces, una pregunta: ¿cómo hacer para promover un cambio de la posición docente a fin de bosquejar la elaboración de un nuevo dispositivo pedagógico democrático en este contexto, independientemente de esperar algún tipo de consideración ética por parte de los canales de televisión frente a la difusión de la “alta intensidad”? Además de agregar formación en valores, adicciones o convivencia, convendría preguntarse cuáles son las posibilidades reales que tuvieron y tienen los profesores para pensar el sentido de su accionar porque ahora, además también se hace evidente la necesidad de constituirse en un sujeto político comprometido para formar a otros sujetos políticos por medio de la propia disciplina, ya sea esta Geografía, Historia o cualquier otra, lo que implica recuperar la propia palabra. Esto también significa poder decir algo frente al festín con el que se han regodeado algunos animadores de noticieros televisivos entrevistando a la profesora de la escuela de Temperley a la cual sus alumnos intentaron quemarle el pelo y le colocaron un preservativo en la cabeza, quien, frente a las cámaras, apenas pudo balbucear alguna explicación confusa y contradictoria sobre lo sucedido, lo cual no pudo ser contrastado con otro discurso docente potente que produjese otros efectos de sentido frente a lo acontecido.
No obstante, lejos de las cámaras y los micrófonos, hay indicios concretos, claras señales, de intentos de colectivos docentes de tomar la palabra. No como retórica vacía sino como posibilidad de explorar y construir un pensamiento elaborado desde cada experiencia puntual puesta en diálogo y articulación con la de otros compañeros docentes, en una tarea de búsqueda de equivalencias entre las experiencias para –desde allí– llenar las palabras vaciadas en esta destituyente conflictiva escolar. Este trabajo continúa sin perder de vista que acaso, alguna vez, llegue un acompañamiento desde las más altas esferas gubernamentales para contribuir a que este frágil florecimiento pueda aportar materiales simbólicos para la construcción de una política de Estado tanto en lo relativo a la formación inicial docente como para facilitar el tender una mano a quienes ya están constreñidos por las redes destituyentes de los conflictos de baja intensidad escolar.
* Docente-investigador. Director de la Licenciatura en Enseñanza de las Ciencias Sociales, Escuela de Humanidades, UNSAM.
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