Convocatoria 2012 a poetas y narradores

Convocatoria 2012 a poetas y narradores
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martes, 20 de octubre de 2009

Escenarios, subjetividad y proyecto popular

POR RODRIGO CARBAJAL

El escenario nacional
Contra los escenarios alarmistas que, allá por los años 2005-2007, los voceros de la derecha denunciaban, la (mal) llamada hegemonía K (los grupos multimediáticos decían hegemonismo), vía el conflicto con las patronales agrarias, se tornó una ficción para propios y ajenos. ¿Quien pudo prever que a sólo unos meses de la rotunda victoria electoral de Cristina, la consideración social del gobierno se viera afectada tan seriamente, obligando, por ejemplo, a frenar la sangría con un adelantamiento electoral? ¿Quién hubiera pensado, en esos años de dominio K y debilidad opositora, que poco tiempo después varios frentes opositores, incluido el radicalismo con Cobos a la cabeza, estarían disputándose el gobierno del 2011? En poco tiempo, el escenario electoral y la correlación de fuerzas entre Gobierno y oposición pegaron un vuelco imprevisto.
A pesar de haber sacado un porcentaje de votos similar al Acuerdo Cívico y Social (30), el desenlace electoral fue leído como una derrota de la fuerza gobernante en todo el arco político (perdió el 30% de los votos obtenidos en 2007, pasando de 45 a 31 en 2009). Desde la oposición, interesada en la definición de la misma, fue significada como una derrota definitiva. Desde algunos sectores K y de apoyo crítico, fue leída como una derrota electoral que acotaba las posibilidades de continuar con una agenda de transformación, al tiempo que reducía fuertemente la posibilidad de reproducirse como fuerza que disputara las presidenciales en el 2011.
Para muchos de estos sectores, la derrota obligaba a reflexionar sobre aquellas cosas que el Gobierno no había realizado (construcción política, profunda distribución de ingreso) y había realizado mal (comunicación política, subsistencia de enclaves de política pública de corte neoliberal). Pero asimismo, exigía reflexionar sobre las condiciones de la subjetivad política de vastos sectores medios y populares que habían quitado el apoyo a la fuerza gobernante. La lógica cultural del neoliberalismo emergía con la fuerza de antaño. A estos sectores, muchos de ellos atravesados por la indiferencia y el discurso de la post-política, era imprescindible interpelar de otro modo si es que se querían construir mayorías para un proyecto popular.
Si las victorias electorales de otros tiempos pudieron hacer creer que las audacias de la agenda de gobierno, en orden a romper con algunas lógicas neoliberales, eran valoradas entusiastamente por los sectores populares, la derrota electoral obligó a reconocer que cierto sustrato cultural poco o nada había cambiado en estos años. Mientras que los escenarios electorales vieron alterar dramáticamente la correlación de fuerzas entre actores políticos de fuerte antagonismo (léase gobierno y oposición de derecha), en cambio, algo permanecía quieto en la profundidad de las conciencias políticas. Entre las deudas de este tiempo, aparecía la batalla por el sentido del mundo.
Así planteada la cuestión, resulta errado leer los resultados del 28 de junio – la victoria de Narváez, entre otros opositores de la derecha, y la contundente pérdida de votos del Gobierno - como la expresión de una derechización (en tal caso, en extremo acelerada) de la sociedad. El voto a la derecha no equivale a derechización. Desde hace tiempo que el sentido común es de derecha y legitima un determinado orden de las cosas. Hoy esa doxa se expresa menos en un retorno al paradigma neoliberal, que en el miedo que provoca cualquier intento de interpretar los problemas sociales a partir de los antagonismos políticos e ideológicos, sean estos populistas (pueblo y oligarquía) o clasistas (burguesía y proletariado, al menos). La debacle de la moral, al estilo Carrió, y los infortunios de la administración técnica del Estado, al modo político-empresarial, siguen siendo las explicaciones preferidas del sentido común.
Así las cosas, ni vuelco masivo a proyectos nacionales y populares en 2005 y 2007, ni masivo rechazo a modelos de intervencionismo estatal y de reconquista de la soberanía política en 2009. Usando metáforas mercantiles-futbolísticas, podríamos decir que los votos con los que el kirchnerismo triunfó en 2005 y 2007 fueron a préstamo, con opción a compra, de la cual no se supo y/o no se quiso hacer uso. Así lo muestra una investigación del Observatorio político electoral de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA: un ¼ de los votos obtenidos por Cristina en 2007 en la ciudad de Buenos Aires, fueron en la última elección al PRO y un 17% a Proyecto Sur.
Por otra parte, los cambios en la subjetividad política difícilmente se produzcan de manera masiva en tan breve lapso, sobre todo cuando el debate político está en gran medida ausente, tanto del territorio como en su espacio vertebrador, los medios. Podría decirse que desde hace algunos años, sobre todo desde el gobierno de Cristina, mientras que en el país ocurren disputas inéditas por la redistribución del poder, poco de esto se refleja en las esquinas y en la presentación de la realidad que hacen los medios masivos. Allí se hace dominante el discurso de la impostura K, a la Carrió (e incluso a la Solanas): no se trata de ideología o proyectos post-neoliberales; se trata de negocios de la pareja presidencial.

La ciudad
Esta especie de vida paralela entre escenarios electorales y subjetividad política también permite releer el escenario local. Al igual que en la nacional, la ciudad también deparó sorpresas electorales y cambios de escenarios. El 28 de junio, contra todos los pronósticos, el macrismo perdió una considerable porción de los votos obtenidos dos años antes. Blindado mediáticamente y con una oposición fragmentada, sin embargo, la errática gestión de gobierno provocó el vuelco del 30% de los votos obtenidos en 2007 hacia ofertas electorales de oposición. Al mismo tiempo, la figura de Pino Solanas cosechó un inimaginable 24% de votos, sorprendiendo hasta los propios. La lista de sorpresas sigue con la cuasi desaparición electoral de Ibarra y la merma de votos sufrida por la lista de Carrió.
Como en la nación, la realidad política local emerge desmarcándose de los escenarios vaticinados por los más desinteresados analistas. Así como es necesario precisar los significados de la derrota del Gobierno nacional, situando éstos más en el rechazo a los estilos K que en un apoyo a proyectos conservadores y neoliberales, debe leerse sin automatismos los resultados de la ciudad.
De algún modo, la pérdida que sufrió el macrismo de un 30% de los votos obtenidos en 2007 (pasó de 45 a 31) y la suma de los porcentajes obtenidos por representantes de la centroizquierda, Solanas (24), Heller (12), Ibarra (3) y el socialismo (2), alcanza porcentajes (41) que ilusionan respecto de la posibilidad de que la centroizquierda pueda alcanzar las mayoría necesarias para entrar en la segunda vuelta por la Jefatura de Gobierno del 2011. Sin embargo, las cosas tal vez no sean tan fáciles.
Ha sido un lugar frecuentado, por ejemplo, leer la excelente cosecha de votos de Pino Solanas como la expresión de un corrimiento del electorado capitalino a la izquierda. La tentación se produce al no distinguir entre lo que es un voto de centroizquierda y lo que es un voto a un representante de la centroizquierda. Según el estudio citado anteriormente, de los 24 puntos obtenidos por Proyectos Sur en 2009, no menos de 6 habrían votado a Macri en el 2007. ¿En que medida estos 6 puntos pueden considerarse electores progresistas? ¿Puede esperarse su fidelidad a un proyecto de centroizquierda a la hora de competir por la Jefatura de Gobierno contra un proyecto de derechas?
No es fácil saberlo. Se puede votar a Pino y no ser de centroizquierda. Incluso podría postularse que quien optó por propuestas de derecha en elecciones ejecutivas - sabemos que en éstas se hace visible una mayor puja ideológica que en las legislativas - difícilmente dos años después pueda considerarse un votante de centroizquierda. Suele calificarse este voto de opciones contradictorias, variables, como "volátil". Se supone que al elector le parece lo mismo una u otras opciones y entonces decide por razones "menos ideológicas", como la imagen, cualidades personales o la destreza mediática.
Lejos de esta apreciación, debe decirse que el llamado voto "volátil" es de un votante ideologizado, como todos. Está atravesado por el discurso de la antipolítica, de la muerte de las ideologías, de la indistinción entre izquierdas y derechas; se articula con la creencia de que el problema "político" es de corte administrativo, o incluso moral. Aun sin conciencia de serlo, este votante es de centro o derechas, pero nunca de izquierdas. Si bien fue escrutado para el campo popular en estas elecciones, no debe ser contado sino en calidad de préstamo. Sólo la conquista de la conciencia política puede comprometer la voluntad.
La pregunta que sobreviene es la siguiente: ¿cómo fue posible que votantes de centro o centroderecha votaran a Pino? ¿Habrán intentado otra opción electoral, distinta a la “natural”, como quien decide probar con una nueva marca de yogurt? ¿O lo que ocurrió fue que hubo más de un Pino en oferta: el clásico de centroizquierda y uno nuevo, de centro? Su apelación a la necesidad de que el Gobierno dialogue y la crítica al kirchnerismo distinguible sólo de a ratos con la realizada por la oposición de derecha, sugieren que para una porción de sus electores Proyecto Sur fue una opción de centro.
¿Proyecto Sur una opción de centro?, ¿y las propuestas de estatización de los servicios públicos?, ¿y las denuncias de saqueo de los recursos naturales, por obra de empresas multinacionales? ¿Cuál es la “verdad” de la posición solanista? Para empezar, podríamos decir que la verdad es más de una y se define, en parte, por quien la interpreta. Hubo un Solanas progresista, estatista y desarrollista para muchos votantes de centroizquierda, y otro Solanas de centro, híper crítico al Gobierno, para quienes, por ejemplo, no percibieron grandes diferencias entre votar al macrismo en 2007 y a Solanas en 2009.
La verdad es relativa también porque se define más allá de quienes la sostienen y pretenden. En el caso que nos ocupa, los posicionamientos políticos se definen en contexto, nunca de manera absoluta. Es decir, más allá del discurso de centroizquierda de Pino, su posición política debe ser comprendida en relación a las restantes posiciones de los actores del juego político. Ser de izquierda no es sólo levantar las banderas tradicionales de la izquierda, sino jugar como tal, en las contradicciones principales del conflicto político. De allí que, para muchos, Proyecto Sur, con discurso de centroizquierda, sin embargo, tuvo efectos funcionales a la derecha.
Es quizás por este posicionamiento, y no tanto por su discurso y proyectos, que Solanas logró interpelar al menos a 6 de los 24 puntos cosechados. Si así fuera, la participación de la centroizquierda en el balotaje por la Jefatura de Gobierno de 2011, liderada por el solanismo, deja de ser una certeza para transformarse en una posibilidad que es necesario construir de igual a igual con el resto de los actores del campo progresista y popular.
La verdad es relativa, decíamos, pero también una voluntad del poder. En este caso, del poder mediático. El discurso solanista apeló a la tradición progresista, desarrollista, nacional y popular, mezclado con una crítica furibunda a los K, a quienes se acusaba de no haber roto con una tradición conservadora. En esta crítica quizás se explique la cálida acogida mediática de Proyecto Sur, por parte de los grupos multimedia. ¿Quien mejor que alguien proveniente del campo popular, como Pino, podía horadar la pretensión kirchnerista de ser el verdadero representante de los intereses del pueblo? Para los grupos multimedia de eso se trataba. Para Proyecto Sur, la cuestión tenía que ver con la sucesión del kirchnerismo; muerto éste ¿quién hereda la representación popular?

Proyecto popular
¿Qué futuro inmediato hay para un proyecto popular? ¿Qué sectores políticos podrían impulsarlo? ¿En qué medida el kirchnerismo debe despedirse como fuerza protagónica de la disputa de poder de cara al 2011? ¿Es posible concebir un proyecto popular, de alcance nacional, sin la interpelación profunda a las diversas tradiciones nacionales, populares, peronistas y de izquierda?
Para el proyecto post-neoliberal, los resultados electorales dejaron como saldo una fuerza nacional muy debilitada, que sin embargo sigue siendo la primera minoría electoral, como el kirchnerismo, y dos fuerzas locales emergentes que alcanzaron similar cosecha de votos: Proyecto Sur, en la Ciudad (contó con 437.634 votos, equivalente al 24,21%), y la alianza encabezada por Sabatella en la provincia de Buenos Aires (cosechó 402.502, correspondiente al 5,56%).
Decíamos antes que, en los últimos años, los escenarios electorales cambiaron drásticamente mientras que la mayor parte de las conciencias permanecieron casi intactas en sus posiciones político-ideológicas. Esto se traduce en escenarios variables en términos electorales, aunque muy poco dinámicos en relación a las transformaciones culturales, a la toma de conciencia, que requeriría un proyecto emancipador.
¿Que significa en concreto este escenario para el campo popular? Por un lado, supone que el kirchnerismo, a pesar de ser la única fuerza de alcance nacional que puede ejercer su representación, por lo menos a mediano plazo, tiene vedada la posibilidad de ganar las presidenciales de 2011. Asimismo, es probable que vea comprometida su disputa por entrar al balotaje. Sin embargo, los márgenes de este último escenario pueden variar en relación a la estrategia K y los resultados que de ésta se deriven. Por el otro lado, cualquier proyecto popular debe prever los límites culturales para un proceso de transformación. Trabajar para correr estos límites es parte de toda estrategia, y la discusión de una nueva ley de medios es un peldaño fundamental dentro de ésta.
Los trazos, muchas veces contradictorios, del proyecto post-neoliberal kirchnerista no lograron, en seis años de gobierno, transformar la fragmentación del campo popular, ni la dispersión de sus fuerzas políticas. La disputa al interior de la propia fuerza gobernante, su reflejo en la persistencia de enclaves neoliberales dentro de la gestión gubernamental, la falta de una voluntad clara de construcción de poder popular y las restricciones culturales de la escena contemporánea, deben contarse entre las razones del retroceso electoral en los propios sectores populares, a manos de la oposición conservadora.
Con los resultados electorales puestos, la mayor parte de los analistas políticos diagnosticaron el fin del kirchnerismo. Para muchos, con la opinión pública en contra, divorciado de los sectores medios y con la indiferencia de amplios sectores de las clases populares, el kirchnerismo debía producir una salida ordenada a través de la negociación con los poderes fácticos. Sin embargo, como también sucedió con el conflicto con las patronales agrarias, el Gobierno parece intentar salir de la situación de debilidad “fugando hacia delante”, con la estrategia que podría caracterizarse como de profundización de los cambios.
La propuesta de discusión de una nueva ley de servicios audiovisuales y el intento de que ésta obtenga el apoyo de las fuerzas de centroizquierda, constituye la prueba de fuego para establecer un programa de reformas que reactive parte del consenso perdido, al tiempo que produzca avances legislativos y de gobierno en línea a comenzar a saldar la deuda social pendiente. Esto supone, por ejemplo, avanzar con un programa de ingresos que atienda a los sectores más desprotegidos, con un nuevo marco regulatorio de la actividad financiera y con la reforma tributaria, ente otras. La apuesta a la discusión parlamentaria en orden a fortalecer el rol regulador del Estado y sus competencias redistributivas, como ocurre con la ley de medios, crea condiciones propicias para ordenar el espacio político según las coordenadas ideológicas.
¿Seguirá siendo ésta la estrategia K? ¿En qué medida será acompañada por el conjunto de la centroizquierda? ¿Es probable un camino de convergencia legislativa con la centroizquierda, que al mismo tiempo sea exitosa en términos de producir profundos cambios normativos? Si así fuera, ¿cómo se las ingeniará el Gobierno para avanzar con una estrategia de profundización de los cambios, acompañado de la centroizquierda, sin que sectores conservadores del oficialismo le quiten apoyo parlamentario? ¿Puede el trabajo legislativo conjunto ser la base de un nuevo acuerdo entre algunos actores progresistas y los K, de cara al 2011?
Es posible pensar que, en la medida en que el programa de convergencia legislativa se concrete y que al mismo tiempo sea acompañado de una gestión de gobierno audaz, sobre todo en lo que hace a recuperación del nivel de vida de los sectores populares, el kirchnerismo pueda obtener una sobrevida que lo coloque en la disputa por entrar en el balotaje para disputar las presidenciales del 2011, aunque pasar de allí resulte mucho más complicado. Para esto, el kirchnerismo y sus aliados deberían poder construir un relato que interpele de manera eficaz y "monopólica" a los sectores populares. Los sectores medios podrían disputarse luego, a partir de constituirse como la fuerza que representa los intereses del pueblo.
Una fuerza así, capaz de movilizar las más diversas memorias de resistencia y dispuesta a contener las variadas tradiciones populares, por fuerza, ya no sería sólo kirchnerista. Si esto fuera una posibilidad en camino y no una sobre-lectura de la realidad, ¿de qué modo incidir para este rumbo se clarifique y consolide?; ¿cómo acotar los sectarismos de algunos liderazgos, en función de priorizar un proyecto popular con vocación de poder?

martes, 11 de agosto de 2009

Reflexiones a la hora del crepúsculo

Por Ricardo Forster

“Sólo por amor a los desesperados
conservamos aún la esperanza.”

Walter Benjamin

La política y sus tiempos. La política y la capacidad de devorar en un instante todo aquello que amenaza con salirse de las exigencias de lo urgente. La política y la clausura del pasado, pero no entendido como tiempo cristalizado, como núcleo de una melancolía insoportable, sino entendida, la política, como dominio abusivo y brutalizador del aquí y ahora que vuelve ilegítima cualquier fidelidad o, más grave todavía, cualquier persistencia en un giro anacrónico del lenguaje y de las pasiones. Todo debe jugarse en el absoluto del presente que engulle sin piedad los entusiasmos de ayer. No parece quedar ni la sombra del recuerdo o, cuanto mucho, una leve mueca de autoconmiseración por haber sido tan ingenuos, tan poco realistas, tan absurdamente quiméricos, que pudimos imaginar en un momento de extravío y alucinación que éramos testigos, y quizás parte, de un cambio histórico, de una rara inflexión de una época previamente anunciada como de clausura. A la hora del crepúsculo, como decía el viejo Hegel, la filosofía levanta vuelo para intentar comprender lo sucedido. Son muchos los que se despiertan de su largo sueño, ese que prolongaron mientras las cosas sucedían sin ellos o contra ellos, para dedicarse a recordarnos todo lo que se ha hecho mal, todo lo que se hubiera podido hacer y no se hizo. Son los críticos de última hora, los aventajados que saben sacar ventaja cuando las hojas ya han caído del árbol pero que nunca se atrevieron a enlodarse cuando la historia se volvía barro y urgencia. Son aquellos que nos lanzan a boca de jarro que gracias a los desaguisados del kirchnerismo hoy regresa la derecha y amenaza con volverse nuevamente hegemónica. Olvidan, prefieren hacerlo, que si la derecha restauracionista está entre no-sotros es porque algo sucedió en estos últimos años, algo de lo insólito y de lo inesperado que, entre otras cosas, reinstaló la cuestión degradada de lo político y nos ofreció la rara oportunidad de recuperar, bajo nuevas condiciones y abriéndonos a otras posibilidades hermenéuticas, lenguajes rapiñados en tiempos de oscuridad y de derrota; mundos conceptuales que se nos habían extraviado o que habían sido sometidos a la dura crítica, que suele ser impiadosa, del acontecer histórico.

¿Qué fue de las izquierdas siempre esclarecidas y dueñas de la verdad y de las tradiciones nacional-populares en los noventa, más allá de sus insistencias dogmáticas y de sus cegueras para intentar leer la densidad de los nuevos tiempos? ¿Qué fue de ese progresismo bienpensante, pulcro y republicano cuando le tocó la hora de ejercer el gobierno? ¿Qué fue de los libros que nos ampararon al construir nuestras biografías político-intelectuales cuando tuvimos que recorrer el arduo pero indispensable camino de la revisión crítica? Algunos intentamos construir refugios para guarecernos de la tormenta desatada sobre todos nosotros por una época brutal del capitalismo vencedor; refugios en gran medida apartados de la escena pública y de la política allí donde ambas parecían alejarse miles de kilómetros de aquello que creíamos significativo (los ladrillos con los que construimos esos refugios estaban hechos de los saberes amados, de los libros que nos apasionaron, de aquellos otros que no habíamos leído en las horas de la urgencia y, por qué no reconocerlo, de los dogmatismos). Otros resistieron dando batallas minoritarias y testimoniales, valiosas en sí mismas. Los más cerraron el folio de sus antiguos compromisos juveniles para adaptarse a las nuevas condiciones de una época cruel y antiutópica. Todos, de diversos modos, sufrimos el impacto de ese giro impensado en el interior de nuestra historia reciente.

¿Cuesta regresar al punto de partida como para intentar otra mirada? ¿Qué éramos y dónde estábamos en el 2003? ¿Qué esperábamos de ese a destiempo alocado que se llama/ó kirchnerismo? ¿Qué fue de la anomalía y de la excepcionalidad, apenas un giro ingenioso del lenguaje para dar cuenta de lo que no podíamos dar cuenta? ¿Olvidamos, acaso, las escrituras ciertas, por aparentemente incuestionables, de lo destinado nacional, las marcas persistentes de lo peor en el cuerpo de la sociedad que no esperaba y menos deseaba lo que aconteció inesperadamente el 25 de mayo de 2003? ¿Qué país éramos en ese inicio catastrófico y degradante de un milenio que nos devolvía la imagen de una decadencia indetenible? ¿Qué nos había sucedido durante la década menemista?, una década que se comió el alma de gran parte de los argentinos que, como en otros momentos graves de la historia, olvidaron rápidamente sus compromisos y sus opciones. Esas mismas opciones que hoy, convenientemente travestidas, regresan de la mano de una derecha mediática (así, al menos, la veía Nicolás Casullo a la derecha en esta época de un neoliberalismo articulado no sólo como giro económico del capitalismo sino, fundamentalmente, como revolución cultural afincada en los lenguajes universal-homogeneizantes de los medios de comunicación de masas), capaz de penetrar en lo profundo del sentido común de vastos sectores sociales y de modificar intensamente los imaginarios de época para fusionarlos con los objetivos del poder económico y de sus prácticas culturales. El enceguecimiento posmoderno del aquí y ahora, la lógica avasalladora del instante parecen apropiarse de nuestra capacidad para auscultar los signos del presente mirándonos en el espejo de un pasado que, aunque ya no lo sepamos ni lo queramos o podamos ver, insiste en nosotros recordándonos dónde estábamos y de dónde veníamos.

Errores, muchos, pero cómo no cometerlos cuando el giro loco de la historia hacía tiempo que había dejado huérfanos de ideas a los supuestos portadores de lo emancipatorio (ya se que muchos dirán que lo venían advirtiendo, usarán sus certezas incontaminadas para demostrar que las maneras de comprender este tiempo de la historia son equivalentes a las que siempre hemos utilizado como si las furias de esa misma historia no nos hubieran atacado impiadosamente, cual termitas que se devoran maderas carcomidas por el paso del tiempo). Descreerán de lo extraordinario que hasta hace muy poco era la marca de la originalidad, de la de ellos y de la nuestra. Dirán (¿diremos?) que todo fue apenas una ilusión, casi un equívoco, como quien toma una calle que de repente lo conduce hacia una zona de la ciudad que permanecía desconocida, hasta que se da cuenta de que eso mismo que le resultaba desconocido era tan sólo una falsa escenografía. Mientras tanto los pasos nos devuelven a lo conocido, a las desilusiones de siempre pero satisfechos por nuestros aciertos y nuestras aseveraciones autocumplidas. Ni un resto de fidelidad a ese loco entusiasmo que nos tomó desprevenidos, regreso al redil del realismo o, peor, del posibilismo. De nuevo a asumir la sensatez, a regresar a la seriedad que necesita una verdadera República y de la que carecimos a lo largo de esta experiencia alucinada que descuidó, eso nos dicen desde diversos lados, las formas. Se acabó, el tiempo de la anomalía se volvió espectral, es apenas un fantasma que ya no asusta a nadie y, mucho menos, recorre nuestras geografías devastadas, una vez más, por la seriedad de lo inexorable. Los tiempos se han cumplido y hemos regresado a nuestra cotidianidad, aquella que se despoja de la esperanza imposible para afirmarse en la certeza de lo cumplido como anuncio de lo peor, es decir, el fin de la excepcionalidad y de la espera sin garantías.

¿Eso es lo que deseamos? ¿Tanto para tan poco? ¿No es acaso ahora, cuando el desfiladero se estrecha, el momento de la insistencia, la loca afirmación de lo a deshora? ¿No es éste el núcleo de lo imaginado como lo propio de esas cartas abiertas que se nos ocurrió escribir para decir de otro modo, con otras palabras, aquello que estaba sucediendo y que amenazaba, una vez más, con tragarse lo inaugurado en el 2003? ¿No constituyó una sorpresa, para propios y extraños, y en especial para la derecha mediática, la aparición de esos intelectuales que salían a defender a un gobierno impresentable, desprolijo, soberbio, hegemónico y rodeado de piqueteros? ¿Imaginábamos que los avatares laberínticos de nuestras vidas nos permitirían esta segunda oportunidad para intervenir, ahora de otro modo y con las enseñanzas del dolor a cuestas, en la escena política? ¿No fue acaso esa desprolijidad plebeya la que nos conmovió y nos convocó cuando toda forma de “gestión” de lo público parecía definitivamente capturada por los lenguajes tecnocráticos y por las apelaciones hipócritas a la calidad institucional mientras se desguasaba el Estado y se agusanaban las lógicas de la distribución de la riqueza en nombre de las sacrosantas leyes del mercado? ¿No intentamos, acaso, darle forma a nuevas palabras que buscaran dar cuenta de lo propio de una época anómala, sabiendo que lo político se muere allí donde no se reinventa bajo otras experiencias y en la búsqueda de nuevos lenguajes? Lo único garantizado en este tramo de la experiencia humana, decía Theodor W. Adorno con un cierto dejo de pesimismo, es la reproducción de la barbarie. Tal vez por eso lo que queda, lo que nos queda, es seguir insistiendo. Hoy más que nunca para impedir que se consume esa barbarie que, entre nosotros, lleva la forma de la restauración conservadora.

El kirchnerismo (¿pero... qué es eso?) nos donó lo que parecía perdido: la actualidad de nuestras nostalgias, la alegría de intensidades olvidadas, la oportunidad de un entusiasmo crepuscular y bello. Abrió las compuertas cerradas de la política habilitando un diálogo que parecía imposible entre generaciones separadas por los abismos de la historia y de las derrotas. Asustó, sí, asustó como hacía mucho tiempo que no ocurría a los poderes de siempre, a esa derecha que sintió un escalofrío y que tuvo que iniciar el camino de la horadación del Gobierno para clausurar cualquier intento de cambio posible en un país que había renunciado a todo cambio. Demasiado, al menos para mí, como si lo ajado hubiera encontrado una nueva e imposible circunstancia para fugarse de lo cumplido y asomar de nuevo su rostro por las sendas de una historia continental. Como si aquellas reflexiones benjaminianas, las que nos recuerdan el potencial dislocador y subversivo de la nostalgia en una época dominada por el instante y la fugacidad, se hubieran vestido con las galas de lo impensado y de lo inesperado permitiéndonos reencontrarnos con nuestras mejores tradiciones intelectuales y políticas. Extraña circunstancia en la que incluso pudimos recuperar una poética de la emancipación transformándola en el lenguaje extravagante, por injurioso de las formas aceptadas, de cartas lanzadas al ruedo de la política. ¿Valió la pena? Kirchner se ha equivocado mucho, eso decimos y seguramente tenemos razón... pero acaso ¿si no se hubiera equivocado, algo de lo acontecido hubiera sucedido? ¿No somos el resultado de un error, no es la actualidad nacional ese a deshora del que hablaba hamletianamente o apelando, por qué no, a los espectros de Marx? ¿No se abre ahora, precisamente ahora, un tiempo para entramar los hilos de las lenguas que se hablaron durante estos años de yapa? ¿Hay algo de gratitud en nosotros? ¿Vale en política la fidelidad gratuita? ¿Pecaremos de ingenuos? En fin, perdón, por estas reflexiones crepusculares.


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-129704-2009-08-09.html

miércoles, 24 de junio de 2009

Elecciones 2009 - NO cuenten con nosotros para APOSTAR A LA FRAGMENTACIÓN del campo popular.

La tarea es sumar siempre, siempre y cuando las coincidencias sean sustanciales.

En esta etapa en que la derecha neoliberal nos plantea claramente un esquema de acumulación de fuerzas para llegar al gobierno sea como sea en el 2011, es imperativo que nosotros, los militantes y los dirigentes (nacionales, populares, progresistas y de izquierda), asumamos un papel didáctico, ejemplificador en la comunicación y en los actos, con respecto al compromiso con el presente acto electoral y a un armado político y social hacia adelante, que contemple acuerdos básicos con respecto a CUESTIONES FUNDAMENTALES o FUNDACIONALES en relación con los llamados PROYECTOS (de Emancipación, de Liberación o Nacional y Popular).

El viernes 12 de junio en plena campaña electoral, como Colectivo Cultural Entreletras y junto a la Unión de Trabajadores de la Educación realizamos una actividad en defensa de la Escuela Publica. Tiempos de campaña son tiempos en los que cada candidato atiende su juego para sumar voluntades – votos. No es el momento ideal para mostrarse junto al otro, es mejor marcar las diferencias. Sin embargo, ese 12 de junio derribamos una frontera, la demanda de terminación de una Escuela Pública – obras del polo educativo Saavedra demoradas injustamente por dos años - los juntó, pero seamos claros, no los junto la demanda, porque podrían haber venido por separado, fue la decisión de nuestras organizaciones de sumar en lo sustancial (defensa de lo publico) a las fuerzas populares y progresistas. Ese humilde acto en la esquina de Galván y C. Larralde, en el que los candidatos de Pino, Heller e Ibarra, (Delia Bisutti - Tito Nenna y Maria Elena Naddeo) se comprometieron a trabajar juntos en defensa de lo publico, nos indica un camino por recorrer hacia el 2011.

Un plan nacional de lucha contra la tristeza y la resignación.

Recuperar a los partidos políticos como herramientas genuinas para llevar adelante los cambios estructurales, es tarea de la militancia.

Un plan en el que no sea ingenuo pretender coincidir en lo fundamental. El rol del Estado, la democratización de los medios, juicio, castigo y cárcel común a los genocidas, impunidad cero… Que sea posible, colectiva y organizadamente fundar, poner en marcha, avanzar política y técnicamente en programas, para primero eliminar el hambre, la desnutrición, el analfabetismo y la exclusión. Contamos con millones de trabajadores organizados, miles de muchachos en nuestras universidades, miles de Org. Sociales, U$ 46.000.000.000 en el Bco. Central y un compromiso del Gobierno Nacional a profundizar el cambio.

Queremos:

Ayudar a fundar maneras, formas, de construcción política en las que el sujeto participante sea núcleo reproductor de matrices “nuevas”, que se diferencien en la acción de los viejos vicios que llevaron al vaciamiento de los partidos políticos: crisis de representación o falsa representatividad, falta de transparencia, asistencialismo, corrupción, mesas chicas. Matrices y nuevos paradigmas que se diferencien de -el como sí – fuéramos democráticos.

Hacer posible trabajar en la formación de cuadros en espacios populares y en espacios universitarios, realizar encuentros en los partidos, plenarios, congresos, elaborar conclusiones que atiendan al colectivo.

Acumular saberes, poner en valor nuestra memoria histórica, analizar y difundir cuales son las dificultades que alejan a las clases medias de los proyectos populares, que cosas atentan contra la unidad en las bases o si las dificultades están en la cabeza de nuestros dirigentes?

En esta breve reflexión y como punto de partida, surgen afirmaciones y preguntas, con el ánimo de que otras voces militantes se sumen con críticas y propuestas. Si la tarea histórica de la derecha es debilitar los intereses del campo popular, nuestra tarea no puede jamás ser funcional, eso hay que demostrarlo siempre, aunque las contradicciones de un gobierno popular que ha sumado aciertos muy importantes y en algunos casos fundamentales, nos pongan a prueba con sus errores u omisiones desconcertantes.

El 29 de junio con los datos en la mano y cualquiera sea el resultado nacional o de la interna abierta de la centro - izquierda en la ciudad, los dirigentes deberán, como punto de partida, revisar y explicar los modos de construcción y de negociación, solo así entonces, esa otra parte de lo mismo o sea nosotros, volveremos a ser parte del todo y seguiremos dispuestos como siempre, en el marco del proyecto de integración social y político, a dar otro paso al frente, porque adelante estarán siempre los ideales de Justicia, Igualdad y Solidaridad por los que vivieron y lucharon tantos hermanos.

Pascual Guido Spinelli

Presidente

Asoc. Civil Colectivo Cultural Entreletras

entreletras@ciudad.com.ar

Actividad con entrada gratuita

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No te quedes adentro, detrás de las rejas. Ni salgas afuera, sin red que te contenga.

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Ley de Maedios Audiovisuales ¡Ya!

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